Se nos considera a menudo que por ser jóvenes y no tener toda la experiencia que quienes manejan las altas esferas del gobierno tienen, no estamos capacitados para que nuestra voz sea escuchada o para presentar nuestros intereses y propuestas. Esta realidad se ve en nuestra baja cuota de representación en diversos sectores, y por supuesto, es una problemática para nada ajena al sector ambiente.

El país estuvo en los ojos del mundo durante la COP20 en el 2014, momento en el que propusimos una meta que rectificaríamos junto a la mayoría de naciones del mundo en el Acuerdo de París. Este compromiso, si bien es una responsabilidad principalmente del gobierno, debe estar impulsado por la sociedad civil mediante la participación activa y seguimiento constante, además de una debida articulación entre iniciativas de ambos lados, que se retroalimenten y aporten a la meta final: reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero a la vez que se procura el bienestar de la población y se cuida de nuestros recursos naturales.

Buscamos activamente tener un alcance nacional. Llevar este mensaje y aunar fuerzas con las regiones es una ardua tarea que vemos con optimismo, con fe de que nuestra generación no aqueja de los problemas que impiden en otros ámbitos la descentralización, como son la lucha por poder, la corrupción, y las agendas particulares.